ALGUNOS EJEMPLOS DE INTERDISCIPLINARIEDAD DE LA TEOLOGÍA
NEUROTEOLOGÍA
La neuroteología se define como la búsqueda en el cerebro de los fundamentos de la fe y de la actitud religiosa. Algunas investigaciones han demostrado que los lóbulos frontal y parietal presentan una mayor actividad durante experiencias espirituales. A lo largo de los años, la neuroteología ha pasado desde unos modelos en exceso simplificados hasta una explicación individual y social de la experiencia religiosa.
Según las investigaciones del médico y
psiquiatra americano Andrew B. Newberg, se puede encontrar a Dios en el cerebro
humano, a esto él lo llama “neuroteología”, una rama de la neurología que
analiza el correlato entre el mundo de las experiencias religiosas y el
cerebro.
La religión en el cerebro: Andrew B.
Newberg y la neuroteología
La convergencia entre ciencia y teología
puede resultar iluminadora para ambas
Una breve síntesis de las investigaciones neurológicas
Desde hace un buen tiempo las investigaciones
neurológicas detectaron las localizaciones en el cortex cerebral que se
activaban en correlación con las experiencias y los conceptos religiosos, estas
localizaciones se situaban en la parte interior del cortex temporal, mirando y
conectando con la amígdala (sistema límbico) por medio de links bidireccionales
(entries y reentries en el sentido de Edelman). Posteriormente se ha
descubierto (contribución de Newberg) que en este sistema de conexiones se
integra parte de las zonas frontales y de otras topologías cerebrales.
Se sabe que en pacientes de epilepsia
localizada en lóbulos frontales (que afecta a las zonas mencionadas) se produce
una hiperactivación de los patrones neurales en esas zonas hasta producir
estados denominados como hiperreligiosidad e hiperfilosofemia (que son estados
anormales). Esto son hechos que nadie pone en duda porque se comprueban
experimentalmente.
¿Qué significa? ¿Cómo debe interpretarse?
En principio parece que estos hechos no muestran necesariamente, y menos
“demuestran”, la existencia o no existencia de Dios. Pero sí evidencia
científica de que la humanidad, ya en estadios protohistóricos muy tempranos,
al hacer uso de la razón, se abrió a la consideración de los enigmas
metafísicos, unidos al temor ante la naturaleza, la angustia por la vida y la
muerte.
Poco a poco este ejercicio metafísico,
filosófico y religioso, comenzó a producir los mapeados neuronales en que se
asentaba esa actividad psíquica. Por ello, cabe decir que la tendencia a
generar experiencias y conceptos religiosos y filosóficos está mapeada en el
cerebro humano.
Si responde a una real existencia de
Dios, y Dios está detrás de esa activación interior en alguna manera, o, más
bien, se trata de un producto producido en la mente humana por razones
adaptativas pero que en el fondo son una ilusión, depende de una valoración
filosófica posterior.
Andrew B. Newberg